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26/12/10 - 00:00 Nacionales

Ballenas visitan la Costa Sur

A lo largo de toda la costa del océano Pacífico guatemalteco, 12 millas —unos 22 km— mar adentro, pueden observarse entre 30 y 50 ballenas jorobadas, las cuales empezaron a llegar desde noviembre último, con lo que dio inicio la temporada de avistamiento de cetáceos.

POR CARLOS PAREDES Y LEONEL SIóN

Estos mamíferos gigantescos vienen desde Alaska a las aguas marítimas del Pacífico , en respuesta a su ciclo biológico de apareamiento y procreación.

Los apareamientos ocurren a una distancia de entre 10 y 30 millas de la costa —18.5 y 55.5 km—, y se caracterizan por las espectaculares acrobacias que efectúan los machos para cortejar a las hembras. Durante todo un ritual se yerguen en el agua, fijan sus aletas pectorales y saltan. Además, entonan encantadores cantos polifónicos que pueden mantener por horas.

El operador de turismo Eduardo Capmany, quien dirige una empresa dedicada al avistamiento de cetáceos, indicó que el canto transmite una gran cantidad de significados como parte del cortejo, los que los expertos consideran que —junto a las acrobacias que ejecutan— les permite mostrar su vitalidad, y con ello ayuda a la hembra a escoger mejor con cuál ejemplar aparearse.

Cuidado maternal

Más cerca de la playa, a tan solo 800 metros, las ballenas paren a sus crías, lo que permite apreciar —en las siguientes semanas, hasta julio— la enseñanza elemental con que la madre instruye al ballenato sobre la vida marina y su hábitat.

“Es increíble el cuidado carismático que les brindan. La forma en que educan a la cría, con movimientos graciosos de aletas y cola, y también sonidos”, relató Capmany.

Explicó que una madre tiene a sus crías cerca de la playa, para evitar que sean devoradas por orcas, que también buscan el calor de las aguas poco profundas. Pueden ser avistados hasta 10 millas mar adentro —18.5 kilómetros).

Otras especies

Aunque es más frecuente encontrar ballenas jorobadas cerca de la Costa Sur de Guatemala, también se observan de la especie azul, la cual viaja de California hacia las costas de Costa Rica y Nicaragua; y de la gris, las que vienen atraídas por el clima y por su platillo preferido, los calamares gigantes, que abundan en la Costa Sur, gracias a una falla interoceánica que permite la reproducción de ese marisco.

Si bien las ballenas huyen del frío del norte, empiezan a retornar a aquella región con la llegada en el verano —junio—, cuando la inclinación del globo terráqueo permite que los días sean más largos y cálidos en el norte.

Es increíble, pero la ballena jorobada viene exclusivamente para aparearse y procrear. No se alimenta, y cuando sale de Alaska puede pesar hasta 70 toneladas, y en el trayecto y estancia en el sur pierde hasta más de la mitad de su peso.

Por lo anterior retorna al norte, donde se alimenta de un tipo de camaroncillo de nombre krill.

Durante los avistamientos, la Asociación de Biología Marina recomienda no acercarse demasiado a las ballenas, para evitar ahuyentarlas hacia otros lugares.


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