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Opinión

DE MIS NOTAS

Corrupción o no corrupción

A eso se reduce el asunto.La presencia o ausencia de ética y honestidad permea transversalmente todo el Estado, desde el presidente hasta el barrendero que limpia las calles. No hay puesto gubernamental alguno que no esté sujeto a este imperativo ético. Guatemala enfrenta retos de gran magnitud, en temas de pobreza, exclusión, salud, educación e infraestructura. La lista es tan grande como la presa que va en aumento. Y para complicar aún más el problema, indigna que no sean recursos lo que más nos falte, sino honestidad y transparencia.

Alfred Kaltschmitt

ALFRED KALTSCHMITT

Algo que está ahí, a la mano, en nuestras narices, para poder tomarlo y ponerlo en práctica. Para hacerlo nuestro.

Recursos siempre serán insuficientes, pero el mayor desafío sigue siendo gastarlos bien y que no se los roben, despilfarren o manoseen. ¿Habrase visto semejante horizonte para un país con tal futuro de incertidumbre que esta absurda limitación propia?

Escribe el profesor Javier Flax, de la Universidad Nacional de General Sarmiento, en su ensayo sobre el soborno como obstáculo institucional: “Interesante resultaba el enfoque que por entonces le daba al fenómeno de la corrupción el ex fiscal Luis Moreno Ocampo, quien tomaba una célebre fórmula del especialista Robert Klitgaard (Klitgaard, 1994: 85) y le hacía una pequeña modificación para expresarla en los siguientes términos: C = M + D – T, que significaba que la corrupción era igual al monopolio de la decisión, más la discrecionalidad en la toma de decisiones, menos la transparencia que debería haber en las acciones de quienes tienen atribuciones para tomar esas decisiones. Moreno Campo iba más allá y consideraba que esa fórmula era aplicable al régimen político que gobernaba por entonces, asimilando C a PH (poder hegemónico). Desde nuestro punto de vista, su perspectiva era correcta, dado que el decisionismo menemista resultaba de una concentración de todos los poderes del Estado y la eliminación de los órganos de control, lo cual posibilitaba un abuso de poder en sintonía con la fórmula arriba expresada”.

Opino que en Guatemala buena parte del problema se centra en la falta de control y en la ausencia de una efectiva aplicación de la ley. Aquí, el crimen paga porque el poder coercitivo de la ley es casi nulo. Nadie es castigado, luego se incentiva la corrupción y el crimen.

Puertos, aduanas, policías, burocracia en todas sus instancias y niveles esta sometidos a presiones e incentivos perversos. El nivel de corrupción es tal que se calcula en un 30 por ciento. Si el presupuesto es de 60 mil millones, el factor “opaco”, como le dicen ahora al robo descarado, alcanza los 18 mil millones…

Esta administración tiene que tomar en cuenta a la hora de iniciar las reuniones sobre el Pacto Fiscal. Resulta “Jilipoyas” político pedir más impuestos cuando todos sabemos que siempre estará condicionado a una buena utilización de los recursos financieros.

El contrabando de gasolina, por mencionar un ejemplo aislado, se está dando a la luz del día en todo el occidente del país. Recientemente viajé a Nebaj y Santa Cruz Barillas. Y a la orilla de la carretera, y cada par de kilómetros aparecían los tambitos de un galón con los números “Q23” escritos. La variación por precio de galón llegó alcanza hasta Q30.

Enfrentémoslo, el problema y la solución de este país esta íntimamente ligado a la probidad, honestidad de los servidores públicos. Desde los padres de la patria hasta el juez, el policía y empresario.

Y sin embargo tenemos esperanza. Se respira un aire de que quizás esta vez podremos cambiar. Los guatemaltecos, los que nos gobiernan. Todos. Ojalá así sea. Ya no queda mucho tiempo.


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