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Opinión

PUNTOS SOBRE PAPEL

Ríos Montt y la prensa

Dando lectura a varias columnas editoriales de los últimos días, podemos empezar a contextualizar con seriedad las implicaciones del reciente enjuiciamiento del general Efraín Ríos Montt. Dos experimentados periodistas del país -Gonzalo Marroquín y Juan Luis Font- coinciden en sus análisis de la historia reciente y dicho en dos platos, ellos estiman que Ríos Montt no ordenó matar a nadie, más sí le reclaman el no haber señalado los excesos. Por su parte, el analista Alfred Kaltschmitt ha escrito dos artículos testimoniales de su experiencia

Julio Ligorría Carballido

POR JULIO LIGORRíA CARBALLIDO

  en el campo durante aquella época, y él sí afirma su plena convicción de que Ríos Montt jamás ordenó masacre alguna.

Desde otra perspectiva, el controversial político, jurista y diplomático Acisclo Valladares nos aporta claridad jurídica y etimológica sobre el significado de la palabra genocidio y su aplicación al juicio y análisis histórico del período de confrontación armada en el país.

Dice Acisclo: “El genocidio es un delito que se tipifica por la intención de exterminio total o parcial de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, y constituye genocidio todo acto que se realice con esa intención. De acuerdo a esta correcta definición, esto no sucedió en Guatemala, y a esto hay que agregar el hecho de que cerca del 70 por ciento de los integrantes del Ejército y la guerrilla eran y son indígenas”.

Siempre me he preguntado cuándo podrá Guatemala superar la tragedia y el drama en que se vio envuelta. Algún día aprenderemos de lecciones de otras naciones que dejaron atrás sus profundas heridas y optaron por ver el porvenir para estructurar sociedades prósperas y civilizadas, como ocurrió con España, Chile y Brasil, por citar unos pocos ejemplos.

Entiendo el dolor de los deudos de la guerrilla, de las víctimas inocentes y de los militares caídos, pero no por comprenderlos se debe aceptar que se permitan aberraciones jurídicas o históricas en un momento en que el país lucha por corregir los problemas acumulados de abandono, hambre e inseguridad a gran escala.

Están imputando a Ríos Montt haber ordenado asesinar en masa a la población, por el hecho de pertenecer a un grupo étnico. Los colegas a los que cito en el inicio de este comentario plasman con claridad algunas ideas sobre esto: hubo muertos, pero las declaraciones y las estrategias diseñadas por Ríos Montt durante el gobierno defacto confirman que él no dio tales instrucciones. Otros habrán tomado esas decisiones y habrían tratado de ganar la guerra actuando así, sin que ello implique la necesaria venia del ahora anciano líder político.

Es común ver la fragilidad de los planteamientos de quienes manipulan a las víctimas de este y de muchos otros casos. Asumen que ciertas instrucciones fueron dadas por los acusados, definen como certeros e incuestionables sus criterios al calificar la historia, y basados en argumentos “humanísticos” sugieren como correcta e ineludible la violación de la ley. Por eso, sus posiciones se basan en el condicionamiento mediático de los juzgadores, del público y de los líderes de opinión.

Espero que esta vez se actúe conforme a Derecho; caso contrario, me temo que los exguerrilleros y sus activistas se encaminan a lograr en los tribunales una “victoria” que no lograron ni en el campo de batalla, ni en la política, ni en la organización social: destruirán la esencia del Estado y con ello reactivarán la guerra sin cuartel. Un escenario que los guatemaltecos de buena voluntad no deseamos.


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