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Opinión

PUNTOS SOBRE PAPEL

¿Hasta cuándo aprenderán?

Junto a ellos quedan algunos pocos que se resisten al cambio y que, además de eso, acentúan los rasgos distintivos de una generación de políticos que poco o nada han ayudado a que los electores sientan algún respeto por ellos. Mario Taracena, el eterno transfuguista diputado, (UCN, PAN, UNE) personifica en estos momentos al típico personaje que mucho daño hace a la imagen de la política y los políticos. La escena que montó hace una semana en el hemiciclo parlamentario, cuando no le dieron la palabra para intervenir,

Julio Ligorría Carballido

JULIO LIGORRíA CARBALLIDO

sirve de ejemplo de lo que no se debe hacer en la gesta política. Taracena ha sido reconocido por su capacidad para atraer la atención de los políticos y la prensa con acciones temerarias. Es vociferante, agudo, sarcástico y hasta cínico en sus comentarios; en algunos momentos puede ser un político formidable, por algo fue considerado como un gran articulador de la política oficial en el Organismo Legislativo, en la pasada administración.

Cuando Taracena perdió los estribos y lanzó varios objetos contra el presidente del Parlamento, diputado Gudy Rivera, demostró que es capaz de hacer cualquier cosa, hasta comportarse como un cafre. Las imágenes captadas por la televisión mostraron la vergonzosa actuación del diputado de marras mientras tiraba lápices, papeles y otros objetos contra los miembros de la junta directiva; segundos después del ataque de locura parlamentaria, la televisión presentó imágenes de los directivos retirando apresuradamente otros objetos que pudieran servir al enloquecido diputado para agredirlos.

¿Qué pueden pensar los ciudadanos jóvenes de los políticos cuando estos recurren a esas acciones para hacerse escuchar en el Parlamento? ¿Cómo puede una actuación de semejante calibre motivar a los votantes a participar en las siguientes elecciones?

¿Debemos aceptar como válida la actuación de un diputado que antes gritaba desde su curul, luego caminaba vociferante por el hemiciclo y ahora llega hasta la junta directiva para lanzarle objetos, como señal de descontento y protesta?

La actuación gorilesca debe erradicarse, pues el siguiente paso ante esta escalada de exabruptos puede ser tremendamente negativa para diputados y políticos en general.

Quiero agregar algo en beneficio del actual presidente del Legislativo: pienso que es respetable la forma en que manejó una situación de franca provocación y que incluso le ha sido adversa frente a algunos observadores, que precipitadamente se alinearon para condenarlo a él por una supuesta práctica antidemocrática y dejaron del lado aceptando la agresión y falta de respeto del polémico diputado, quien hoy es máximo exponente de las prácticas más primitivas de hacer política.

Ciertamente, somos una nación subdesarrollada en muchos aspectos. Por favor: ¡Hagamos el esfuerzo de no hacerlo tan evidente con tanta frecuencia en el Congreso de la República!


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