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Opinión

A CONTRALUZ

En el banquillo

EL INICIO DEL PROCESO contra el general Efraín Ríos Montt es un hito histórico porque por primera vez está sentado en el banquillo de los acusados uno de los artífices de la política de exterminio masivo durante el conflicto armado. En su favor está el hecho de que ha sido el único militar dispuesto a enfrentar un juicio y no se ha refugiado en supuestas dolencias o se ha dado a la fuga como ha ocurrido con otros. Sin embargo, de esa situación a considerarlo víctima de un ejército desenfrenado que no respondía a sus directrices y negar su responsabilidad

Haroldo Shetemul

POR HAROLDO SHETEMUL

 en las masacres solo porque no fue él quien jaló el gatillo, es hacer una lectura amañada de la historia. No se pueden retorcer los hechos de ignominia y los crímenes ocurridos durante los 16 meses en que Ríos Montt fue presidente de facto y comandante general del Ejército.

EL GENERAL LLEGÓ AL PODER el 23 de marzo de 1982, por medio de un golpe de Estado encabezado por oficiales que buscaban reorientar la estrategia contrainsurgente. El carismático militar caía como anillo al dedo a la restructuración bélica no solo por el prestigio que tenía en las filas castrenses sino por su perfil protestante para contrarrestar la supuesta labor subversiva de sacerdotes y bases católicas. Pero Ríos Montt en lugar de parecer un hombre atormentado por no tener el control del Ejército parecía disfrutar con el poder ilimitado. Tan así fue que a tres meses de la asonada golpista se deshizo de los otros dos triunviros y se autonombró presidente de la República, con poderes absolutos.

AL ERIGIRSE EN DICTADOR, Ríos Montt metió las manos en la justicia al imponer los tribunales de fuero especial, se convirtió en la moral del país con sus célebres sermones radiofónicos y combinó la estrategia militar con la política de frijoles y fusiles. A esa cruzada se unieron los cuadros de la iglesia El Verbo que tenían el objetivo de ampliar el campo de acción del protestantismo en detrimento del catolicismo asumido como subversivo. Esa vertiente respondía a los intereses norteamericanos afincados en la Gospel Outreach que pretendía crear en Guatemala una Nueva Jerusalén de la mano de un cristiano renacido, como concebían el fanatismo religioso de Ríos Montt.

COMO PARTE DE ESA ESTRATEGIA, la estructura político-militar del Estado diseñó un programa para destruir las bases guerrilleras a partir del arrasamiento de poblaciones indígenas para luego crear campos de concentración conocidos como aldeas modelo en donde actuaban los activistas de El Verbo, como la cara amable de la contrainsurgencia. ¿Será posible considerar que Ríos Montt vivía atormentado porque él no quería matar, pero no podía controlar a un Ejército sanguinario? Es muy difícil creer ese cuento porque el general se veía muy a gusto con el rumbo que llevaba la construcción de la Nueva Jerusalén, tanto así que otro militar le tuvo que poner un alto el 8 de agosto de 1983. Lo importante ahora es que Ríos Montt está en manos de la justicia, la que deberá determinar si es culpable o no de los delitos de genocidio y deberes contra la humanidad.


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