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Opinión

Sam Colop: El nahualismo de Colom

Cuando el presidente Colom decía que era “sacerdote maya” siempre lo dudé, y escribí que a lo más que llegaba era a practicar brujería. O él fue mal estudiante o su maestro y ahora “su” embajador ante los pueblos indígenas tampoco sabe mucho del tema, porque es otro que se identifica como “coyote errante”. Reitero lo del “embajador de Colom ante pueblos indígenas”, y no embajador de los pueblos indígenas, porque excepto el presidente y unos cuantos achichincles mayas asumen que don Cirilo Pérez los representa. Al menos a mí no, y sé que muchos wachalales consideran esa “embajada” como una burla.

Pero a lo que quiero llegar es que Álvaro Colom cree que puede transformarse en gavilán y su esposa en araña, tarántula o viuda negra, como escribe una colega columnista de elPeriódico (1/5/10). Ingrato el hombre que nos hace imaginar a doña Sandrita dando vueltegatos para convertirse en arañita. Y es que aquí hay que hacer una distinción, como bien lo expresa la antropóloga Brenda de Rosenbaum en Nuevas Perspectivas sobre el Popol Vuh: “La mayoría de autores que se refieren al nagualismo —en el sentido de transformación de personas en animal y no en el de animal compañero (tonal)— lo definen como brujo que se transforma… con el propósito de llevar a cabo acciones que no podría realizar en su forma humana”. David Freidel, en El Cosmos Maya, nos dice: “Para los quichés, el nahual es el ‘espíritu del día’ en que nace un niño”, y que estos espíritus están asociados a deidades y también se aplica a los antepasados. En el Diccionario de Guatemaltequismos de Morales Pellecer se dice: “Espíritu protector de los indígenas, encarnado en un animal; puede equipararse al Ángel de la Guarda de los católicos”. Si seguimos lo de la transformación, es extraño que Colom, que a veces se dice católico, crea que ellos dos puedan convertirse en animales, y tendríamos que imaginar a ambos dando siete vueltegatos debajo de una gotera o donde haya una cruz católica pronunciando un padre nuestro al revés, como se presenta en algunas regiones este proceso y con cuyos relatos nos entretenían nuestros abuelos cuando éramos niños.

Si seguimos lo del “espíritu del día” o “espíritu compañero”, no existe un gavilán dentro del calendario maya, pero sí un día tz’ikin que significa “pájaro”; tampoco existe araña, tarántula ni viuda negra. Lo más cercano sería el día kan, ”serpiente”, que conforme al cristianismo representa el mal, el diablo transformado y por cuya culpa se perdió el paraíso. Aquí tal vez Colom acertaría un poco, porque en agendas maya-católico-deterministas se dice que una persona nacida ese día “es fuerte ante una situación o problema… influencia en lo bueno y en lo malo”. Jas kachomaj alaq?


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